El domingo es la Pascua semanal de la Iglesia
La Misa dominical es más que cumplir un deber individual. Cristo resucitado reúne al pueblo de Dios, lo alimenta con la Palabra y la Eucaristía y lo envía al mundo. La participación comienza antes del canto de entrada y continúa después de la despedida.
Cuatro pasos desde el sábado hasta después de la Misa
- Leer antes
- Lee las lecturas y anota una palabra, pregunta o acción de gracias que quieras llevar a la Misa.
- Hacer espacio
- Organiza el trayecto, la ropa y lo necesario para llegar temprano y no entrar con prisa.
- Ofrecer
- Lleva trabajo, alegrías, heridas y personas que necesitan oración; intégralos en la plegaria de la asamblea.
- Ser enviado
- Después de la Misa, prolonga el día del Señor mediante descanso, familia, reconciliación o servicio.
La participación activa comienza por dentro
Participar no exige desempeñar siempre una función visible. Escuchar, responder, callar, ofrecerse y comulgar con el corazón dispuesto son actos de toda la persona. Prepararse evita que los gestos comunes se vuelvan automáticos.
No intentes fabricar un domingo perfecto. Empieza con diez minutos para las lecturas y llega un poco antes; una fidelidad pequeña ensanchará poco a poco todo el día.