Una historia del diálogo
Abraham oraba escuchando, obedeciendo e intercediendo. Moisés mantenía un diálogo íntimo con Dios y se interponía entre Él y su pueblo. David oraba como pastor, rey y pecador arrepentido.
Los profetas demostraron que la verdadera oración conduce a la conversión y a la justicia. Es imposible honrar a Dios con palabras y, al mismo tiempo, oprimir a los demás.
Los Salmos enseñan sobre todos los diferentes tonos.
Los Salmos contienen palabras de alabanza, acción de gracias, lamentación, perdón, confianza y esperanza. No necesitamos ocultar nuestras emociones a Dios; la oración nos ayuda a conectar con Él y transformarlas.
Lecturas sugeridas: Salmo 23, Salmo 51 o Salmo 139. Elija el que mejor describa su situación actual y úselo como oración.
¿Qué emoción me resulta más difícil incorporar a la oración: ira, miedo, tristeza o alegría?
Escribe tu propio salmo breve siguiendo estos cuatro pasos: invoca al Señor, di la verdad, recuerda lo que el Señor ha hecho y expresa confianza o una petición.
Referencias
Progreso del itinerario
La oración en el Antiguo Testamento y los Salmos
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