La oración: el cuerpo habla al unísono.
La oración oral utiliza palabras, cantos y gestos para expresar la fe. La oración común de la Iglesia conecta la oración individual con la comunitaria y nos ayuda a orar incluso cuando no encontramos las palabras adecuadas.
Reflexión: Comprender para poder responder
La meditación implica usar el intelecto, la imaginación, las emociones y los deseos para comprender la Palabra de Dios, relacionarla con la vida y llegar a una decisión. Leer extensamente sin permitir que la Palabra impacte la vida no es el objetivo.
Contemplación: Permanecer enamorado
La contemplación es una atención amorosa y silenciosa dirigida hacia Jesús. No es una técnica para vaciar la mente ni para buscar sensaciones especiales, sino un don de comunión recibido a través de la pobreza.
Estas tres formas de expresión no compiten entre sí: las palabras pueden conducir a la contemplación, la contemplación abre paso al silencio y la reflexión profundiza en las palabras y las acciones.
Prueba este ejercicio de 10 minutos: lee lentamente un pasaje del Evangelio, elige un versículo, reflexiona sobre lo que dice acerca de tu vida y luego permanece en silencio durante dos minutos ante el Señor.
Referencias
Progreso del itinerario
Oración, meditación y contemplación.
Inicia sesión para sincronizar