La oración requiere una elección.
Existen ideas erróneas que consideran la oración como una evasión de la realidad, un mero estado psicológico o algo valioso únicamente por su efecto reconfortante. En realidad, la oración es una relación que requiere tiempo, disciplina y una lucha contra los hábitos arraigados de aislamiento.
La distracción revela lo que ocupa nuestro corazón; en lugar de entrar en pánico, volvamos con calma a ello. La falta de concentración puede ser una oportunidad para amar a Dios por quien es, pero también requiere una revisión de nuestra fidelidad y de cualquier apego indebido.
Pregunté, pero aún no he recibido nada.
Dios siempre escucha, pero la respuesta no siempre es la que esperamos. La oración se purifica para encontrar el Reino de Dios, recibir lo que es verdaderamente bueno y cooperar en lugar de esperar pasivamente los milagros.
¿Qué suele hacerme saltarme la oración: estar ocupado, las distracciones, la decepción o los sentimientos de indignidad?
Establecer una rutina mínima que dure todo el día puede ser difícil: cinco minutos, a la misma hora y en el mismo lugar. Si te saltas un día, retoma la rutina inmediatamente en lugar de rendirte.
Señor, concédeme la confianza de un niño y la fuerza para permanecer contigo tanto en la luz como en la aridez.
Referencias
Progreso del itinerario
La batalla de la oración y la perseverancia
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