El cuerpo habla el lenguaje de los seres humanos.
Los seres humanos somos una unidad de cuerpo y espíritu. La sexualidad influye en cómo damos, nos conectamos y construimos relaciones; por lo tanto, debe integrarse en un amor que respete la dignidad, la verdad y la vocación de cada individuo.
La castidad no consiste en odiar el cuerpo. Es una virtud que ayuda a que las emociones y los deseos sirvan al verdadero amor, con diferentes formas de vida según la vocación de celibato, vida consagrada o matrimonio.
La libertad necesita límites.
El amor no se trata de coacción, manipulación ni de convertir a otros en objetos de gratificación. El contenido pornográfico perjudica tanto a quienes participan como a quienes lo ven, distorsionando la intimidad; debe evitarse activamente y, si se convierte en un hábito, se debe buscar ayuda.
Nadie tiene derecho a tocarte, pedirte imágenes privadas ni presionarte para que te sientas inseguro/a. Cuando se produce un abuso, la culpa recae en el agresor; aléjate del peligro y denúncialo a un adulto de confianza o a una agencia de protección.
¿Las relaciones y el contenido que consumo me ayudan a ver a los demás como personas o como objetos?
Revisa la configuración de privacidad y el contenido de tu dispositivo; elimina las fuentes de tentación, establece límites claros y elige a una persona responsable que te ayude si es necesario.
Referencias
Progreso del itinerario
El sexto y el noveno mandamiento: amor puro
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