La virtud hace que la libertad perdure.
La virtud es una inclinación firme que nos ayuda a hacer el bien con mayor facilidad y alegría. Las cuatro virtudes cardinales son la prudencia, la justicia, la fortaleza y el dominio propio; las tres virtudes teologales son la fe, la esperanza y la caridad.
El Espíritu Santo perfecciona la vida mediante siete dones y produce frutos como la caridad, la alegría, la paz, la paciencia, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y el dominio propio.
Llama al pecado por su nombre.
El pecado es una ofensa contra Dios, una herida para uno mismo, para los demás y para la comunión. Los pecados mortales implican asuntos graves, son conocidos y se consienten libremente; los pecados veniales debilitan el amor, pero no destruyen por completo la vida de gracia.
La gracia es la ayuda gratuita de Dios, que nos sana, santifica y capacita para cooperar. La nueva ley del Evangelio es la gracia del Espíritu Santo que actúa a través de la caridad.
¿Qué hábitos me ayudan a ser más libre? ¿Qué hábitos me dificultan elegir lo que es bueno?
Elige una virtud para cultivar. Establece una pequeña acción, un momento específico y una manera de reflexionar sobre ella al final de cada día durante siete días consecutivos.
Referencias
Progreso del itinerario
Virtud, pecado y gracia
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