Del «yo» y el «tú» al «nosotros»
La fidelidad no empobrece el amor; permite que cada uno sea acogido como una persona irreemplazable. La pertenencia mutua es la entrega libre de uno mismo, no la posesión o vigilancia del otro.
La infidelidad no comienza solo con un acto físico. Los secretos íntimos, los mensajes borrados para ocultarlos, el contenido sexual, comparar al cónyuge y una relación afectiva sustitutiva pueden erosionar la alianza.
Lectura sugerida: Os 2,21-22; Ef 5,21-33. La fidelidad de Dios y el amor de entrega de Cristo iluminan la alianza conyugal.
Límites acordados, no impuestos
La pareja necesita hablar claramente sobre antiguas parejas, compañeros de trabajo, redes sociales, contraseñas, tiempo personal y situaciones de vulnerabilidad. La transparencia no es control; un buen límite protege la confianza y respeta la conciencia de ambos.
¿Existe alguna relación o hábito digital que sentiría la necesidad de ocultar después de casarme? ¿Por qué no lo he sacado todavía a la luz?
Redactad un acuerdo sobre límites digitales que incluya tiempos sin pantallas, cómo tratar los mensajes íntimos, la pornografía, la privacidad y cómo avisar pronto cuando una relación se vuelva ambigua.
Referencias
Progreso del itinerario
Amor fiel y exclusivo
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