Nadie puede consentir en lugar de otro
El matrimonio nace del consentimiento de las dos personas capaces de contraerlo. Este debe ser un acto humano, con conocimiento suficiente y libertad, no provocado por violencia ni por miedo grave proveniente del exterior.
Un embarazo, los gastos ya asumidos, una promesa hecha a la familia o el miedo a quedar mal no pueden usarse para forzar la boda. Hay que manifestar antes de casarse la existencia de un vínculo matrimonial anterior, hijos, deudas graves, adicciones, enfermedades o la intención de excluir los hijos o la fidelidad.
Lectura sugerida: Mt 5,33-37 y Jn 10,10-18. El «sí» del amor debe ser verdadero y libre, a ejemplo de Cristo, que entrega voluntariamente su vida.
El conflicto no es lo mismo que la violencia
La violencia comprende amenazas, aislamiento, vigilancia, control económico, coerción sexual, humillación o lesiones. No es una «cruz que haya que soportar». Cuando existe peligro, se da prioridad a un plan de seguridad, la ayuda profesional y las personas responsables; no se aplican técnicas de comunicación de pareja como si ambas partes estuvieran en igualdad de condiciones.
¿Puedo decir «todavía no estoy preparado» y seguir estando a salvo? ¿Hay algo que temo revelar porque el otro podría amenazarme, tomar represalias o cancelar la boda?
Cada uno se reúne por separado con la persona que acompaña para confirmar su libertad. Si existe control o violencia, no confrontes al otro a solas; prepara un plan de seguridad con alguien de confianza y los servicios profesionales adecuados.
Referencias
Progreso del itinerario
Amor libre y disposición para casarse
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