La vida es un don, no una posesión
Por su propia naturaleza, el amor conyugal está abierto a la procreación y educación de los hijos. Los padres cooperan responsablemente con Dios, ponderando las circunstancias físicas, psicológicas, económicas y sociales con una conciencia bien formada.
La Iglesia distingue la continencia periódica por motivos justificados de toda acción que prive intencionalmente al acto conyugal de su capacidad procreadora. Los métodos de conocimiento de la fertilidad deben aprenderse con una persona debidamente capacitada; la aplicación no diagnostica ciclos ni la salud reproductiva.
Lectura sugerida: Sal 127 y Mc 10,13-16. Los hijos son acogidos como personas y dones, no como proyectos para el éxito de sus padres.
Cuando el camino para tener hijos no es el esperado
La infertilidad causa un dolor real y no es un castigo. La pareja puede buscar un diagnóstico y tratamientos que respeten la dignidad de la procreación, y también discernir la adopción, el cuidado de otras personas y otras formas fecundas de servicio.
¿Podemos hablar serenamente sobre nuestro deseo de tener hijos, el momento, la salud, los temores y la posibilidad de infertilidad? ¿Qué estamos dando por supuesto en vez de hablarlo?
Preparad una lista de preguntas para el médico y para una persona formada en métodos naturales. Acordad que las decisiones se basarán en la verdad, la oración y la corresponsabilidad, sin cargar todo el peso sobre uno solo.
Referencias
Progreso del itinerario
Un amor fecundo
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