Dos personas, no dos papeles prefabricados
El hombre y la mujer han sido creados a imagen de Dios, son iguales en dignidad y están llamados a la comunión. El matrimonio no borra la identidad, la voz ni la responsabilidad propia; el amor ayuda a cada uno a llegar a ser sí mismo de una manera más madura.
El matrimonio es una vocación, no una solución automática para la soledad, la presión familiar, un embarazo, las dificultades económicas o la inseguridad personal. Una boda puede posponerse; la libertad y la verdad nunca deben omitirse.
Lectura sugerida: Gn 1,26-28 y Jn 15,9-17. El ser humano fue creado para amar, y Jesús muestra que el amor maduro sabe entregarse sin dejar de ser libre.
Llevar la historia real a la preparación
Cada persona trae consigo su historia familiar, su manera de vincularse, experiencias de ruptura, la fe, la salud, las deudas y sus sueños. Lo que no se dice no desaparecerá después de la boda; una buena preparación ofrece un lugar seguro para sacar la verdad a la luz.
Si elimino la presión de la edad, la fecha de la boda, la opinión de otros y los gastos ya comprometidos, ¿por qué sigo eligiendo libremente a esta persona y la vida matrimonial?
Cada uno escribe por separado tres cosas: lo que espero; lo que temo; lo que todavía no he dicho. Acordad una conversación sin teléfonos ni interrupciones y elegid qué asunto debéis llevar a la persona que os acompaña.
Referencias
Progreso del itinerario
Dignidad y vocación al amor
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