Vivir desde la identidad recibida
La vida cristiana no es un esfuerzo por salvarse a uno mismo. La gracia precede, sana y eleva al ser humano; la libertad está llamada a cooperar mediante buenas decisiones, las virtudes y el regreso a Dios después de una caída.
La conciencia es el juicio de la razón acerca de lo que se debe hacer; no equivale a un sentimiento ni a una preferencia. Posee dignidad, pero ha de ser formada por la Palabra de Dios, la enseñanza de la Iglesia, la oración, la razón y el consejo prudente.
Lectura sugerida: Mt 5,1-16; Ga 5,13-26. Las Bienaventuranzas trazan el rostro de Cristo y orientan la libertad hacia el fruto del Espíritu.
Discernir un acto
Para valorar moralmente una acción hay que considerar el objeto elegido, la intención y las circunstancias. Una buena intención no convierte en bueno un acto intrínsecamente malo; las circunstancias pueden aumentar o disminuir la responsabilidad, pero no cambian arbitrariamente la naturaleza de todo acto.
¿Suelo decidir por presión, por las consecuencias inmediatas, por mis emociones o desde una conciencia formada?
Elige una decisión real. Escribe claramente la acción, la intención, las circunstancias, las personas afectadas, la enseñanza pertinente y el paso que conduce a un amor mayor.
Referencias
Progreso del itinerario
La gracia, la conciencia y las Bienaventuranzas
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