La promesa se cumple
En la Confirmación, la imposición de manos, la unción con el santo crisma y las palabras del sello manifiestan el don del Espíritu Santo. Quien la recibe queda más estrechamente unido a la Iglesia y fortalecido para dar testimonio de Cristo.
La Confirmación no es una ceremonia de mayoría de edad ni un diploma de catequesis. Imprime un carácter indeleble, ahonda la identidad bautismal y llama a una vida misionera.
Lectura sugerida: Hch 8,14-17; Ga 5,22-25. El don del Espíritu debe producir frutos concretos en el carácter y en las relaciones.
Carismas al servicio del bien común
El Espíritu concede dones diversos, no para que nos exaltemos, sino para edificar la comunidad. El discernimiento de los carismas necesita la Palabra de Dios, la enseñanza de la Iglesia, frutos buenos y un acompañamiento prudente.
¿En qué ambiente necesito que el Espíritu me fortalezca para dar testimonio: la familia, el trabajo, las amistades o ante una injusticia?
Ven, Espíritu Santo; renueva mi mente y haz que los dones que me has concedido se conviertan en servicio al bien común.
Referencias
Progreso del itinerario
La Confirmación: sellados con el Espíritu Santo
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